sábado, 30 de noviembre de 2013

¿Pueden los paparazzi hacer fotos en las terrazas de los hoteles?

Entre las últimas sentencias del Tribunal Constitucional publicadas en el BOE, se encuentra ésta. Se refiere a un asunto bastante antiguo, de principios del 2004: La publicación de las imágenes que confirmaban la relación de Francisco Álvarez-Cascos con María Porto. Por entonces, Álvarez-Cascos, Ministro del Gobierno de Aznar, acababa de separase de su segunda y jovencísima mujer, con la que ya había protagonizado una boda por todo lo alto, tras separarse de su primera legítima. La agitada vida sentimental de Cascos era objeto de cierta chanza, incluso entre sus compañeros de partido (alguno llegó a calificarlo de “monógamo sucesivo”).

En este contexto, Crónicas Marcianas (y si se acuerdan de este programa, quizás deberían ir pensando en un Plan de Pensiones) destapó que Álvarez- Cascos y tenía una nueva pareja y ambos habían pasado las vacaciones de Navidad en un hotel de Lanzarote junto a sus hijos. Javier Sardá y Boris Izaguirre comentaron las fotografías tomadas por los paparazzi e hicieron los chistes de rigor.

Cascos y María Porto (ahora su actual legítima, porque efectivamente, el exministro es un “monógamo sucesivo”) presentaron demanda de juicio ordinario de protección de los derechos fundamentales a la intimidad personal y familiar, a la propia imagen y a la inviolabilidad del domicilio contra Javier Sardá Tamaro, Boris Rodolfo (sí, Rodolfo) Izaguirre Lobo, y contra las entidades Gestevisión Telecinco, S.A., y Gestmusic Endemol, S.A.

El Juzgado de Primera Instancia dio la razón a los demandantes, destacando que:

- Aunque Cascos es una persona pública, el hecho de que pase las vacaciones con su nueva pareja carece de interés general, sobre todo si el programa en el que se difunden las fotografías no está dedicado a facilitar información política.

- El espacio donde se tomaron las imágenes (terraza y jardín infantil del hotel) es un lugar “semi-público”. No puede ser equiparado al domicilio, pero sí se trata de un sitio apartado y alejado de miradas indiscretas. Adicionalmente, las fotografías se tomaron con una cámara oculta y sin consentimiento de los demandantes.

Se condenó a los demandados a la destrucción del material obtenido y al pago de 600 €.

Todas las partes recurrieron la Sentencia ante la Audiencia Provincial de Madrid, que se pronunció en términos similares a la primera instancia. Se volvió a recurrir ante el Supremo. Esta vez el Alto Tribunal dijo lo contrario a lo argumentado por las instancias inferiores. Lo crean o no, esto suele ser bastante frecuente en pleitos como el que nos ocupa. Así, para el Tribunal Supremo, debe primar la libertad de información sobre el derecho a la intimidad y a la propia imagen. En este supuesto, se trata de una persona de gran relevancia pública y las fotografías se tomaron en sitios públicos, pues esa condición tiene la terraza en la que se tomaron la mayor parte de las fotos.

En fin, Cascos y María Porto presentaron recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional, que vuelve a dar la razón a los recurrentes. El TC repite, como en otras ocasiones, que la actividad pública de un personaje no le priva de mantener un ámbito reservado para su intimidad, si así lo decide por propia voluntad. El TC considera que se ha vulnerado el derecho a la intimidad y a la propia imagen de Álvarez-Cascos y su señora, haciendo especial hincapié en el método a través del cual se obtuvieron las imágenes y que impidió a los afectados conocer que estaban siendo fotografiados:

"A tal efecto es irrelevante el solo dato de que las imágenes fueran captadas en las dependencias de un establecimiento hotelero, pues ello no elimina la relevante circunstancia de que aquéllas fueron obtenidas clandestinamente por un reportero profesional de los especializados en este tipo de captación de imágenes (paparazzi), y sin que los recurrentes abrieran su ámbito reservado al público conocimiento.

Sobre este particular, y aplicando la doctrina que este Tribunal ha tenido ocasión de dictar recientemente a propósito del uso de dispositivos de captación de imagen y voz ocultos o clandestinos (STS 12/2012, de 30 de enero, FJ 6), el carácter oculto que caracteriza la actividad de los reporteros conocidos como paparazzi, impide que la persona que está siendo grabada pueda ejercer su legítimo poder de exclusión frente a dicha grabación, oponiéndose a su realización y posterior divulgación, pues el contexto secreto y clandestino se mantiene hasta el mismo momento de la emisión y difusión televisiva de lo grabado. “La ausencia de conocimiento y, por tanto, de consentimiento de la persona reproducida respecto a la intromisión en su vida privada es un factor decisivo en la necesaria ponderación de los derechos en conflicto … La finalidad frecuente de las grabaciones de imágenes y sonido obtenidas mediante la utilización de cámaras ocultas y teleobjetivos es su difusión no consentida en el medio televisivo cuya capacidad de incidencia en la expansión de lo publicado es muy superior al de la prensa escrita (en este sentido, la STEDH de 23 de septiembre de 1994, Jersild c. Dinamarca, § 31). No hay duda de que ello hace necesario reforzar la vigilancia en la protección de la vida privada para luchar contra los peligros derivados de un uso invasivo de las nuevas tecnologías de la comunicación, las cuales, entre otras cosas, facilitan la toma sistemática de imágenes sin que la persona afectada pueda percatarse de ello, así como su difusión a amplios segmentos del público, como subrayaba el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en relación a un caso de captación fotográfica a cientos de metros de distancia (STEDH de 24 de junio de 2004, Von Hannover c. Alemania, §70)”."

Entonces, si es irrelevante el lugar en el que se toman las grabaciones, porque lo fundamental es que se toman con cámara oculta ¿se puede o no se pueden sacar fotografías en los espacios comunes de un hotel? Es algo que si Ustedes son aficionados a ver programas del corazón, se habrán preguntado más de una vez. En opinión del Tribunal Constitucional, en este caso, no. Si bien no puede extenderse el concepto de domicilios a las zonas comunes del hotel, y exigir la misma protección de que goza éste, en este supuesto concreto: “(…) Hay que rechazar que el carácter accesible al público de algunas dependencias del establecimiento hotelero tenga la capacidad de situar la actuación de los demandados extramuros del ámbito de protección del derecho a la intimidad, pues ante una faceta estrictamente reservada de su vida privada y no existiendo consentimiento expreso, válido y eficaz prestado por los titulares de los derechos afectados, se produce una intromisión ilegítima en sus derechos fundamentales a la intimidad.” El TC no se pronuncia de forma concluyente: Dependerá de la situación y del ámbito de su intimidad que una persona haya decidido compartir con otros. Mantener una doctrina clara sobre este particular sería ponernos las cosas demasiado fáciles.

Aquí lo dejo, que se me acaba la batería (¿no esperarán que me levante de la cama a por el cargador, con el frío que hace?). Si les ha gustado este post, den al botón de +1. Cada vez que alguien hace click en él, un Consultor LOPD recibe sus alas.

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