miércoles, 13 de noviembre de 2013

El derecho a desaparecer

Tanto hablar del derecho al olvido, nos ha hecho "olvidar" (disculpen el chiste fácil, que llevo una época muy mala) otro derecho igual de importante: El derecho a desaparecer. Así es como llaman algunos al derecho que se pierde con la utilización de documentos de identificación como nuestro DNI. España y en otros países europeos (por ejemplo, Bélgica), nos hemos acostumbrado a disponer de este tipo de documentos, que incluyen la fotografía del titular, su nombre y apellidos, su firma y otros datos personales, y que nos sirven para probar quienes somos y ejercer otros derechos derivados de la ciudadanía (el derecho al voto sin ir más lejos). Aunque es cierto que alguna de las primeras sentencias del Tribunal Constitucional que analizan el derecho a la protección de datos se refiere a la legalidad del DNI, su uso está comúnmenete aceptado y pocos cuestionan su necesidad. Los españoles facilitamos nuestro DNI en cualquier trámite sin importancia, y lo sacamos de la cartera a la menor oportunidad. Ni siquiera se considera un dato especialmente protegido (mientras que otras informaciones como la pertenencia a un sindicato, que quizás deberían ser públicas, sí lo son).

En Estados Unidos, no se disponde de un documento identificativo obligatorio. Además, cualquier intento de introducirlo resulta polémico y despierta críticas exhacerbadas de los sectores libertarios. No en vano, eso de retirarse a una cabaña en el bosque, apartarse del resto de la civilización, y dejar de pagar impuestos, forma parte de la esencia nacional (y me refiero a THOREAU, no al Unabomber). Las formas habituales de identificar a los ciudadano (los residentes legales no están obligados a disponer de ningúna tarjeta identificativa) son el carnet de conducir y el número de la seguridad social, que se considera una información extremadamente sensible. Ninguno de los dos son obligatorios, y las autoridades no pueden solicitarlos a alguien que va caminando por la calle o al sospechoso de un delito. La idea de introducir un identificador similar a nuestro DNI se considera una restricción innecesaria de la libertad personal, un intento del Estado de establecer mecanismos de control excesivos y algo propio de una dictadura.

"Si surgiese un régimen totalitario - dice A. ETZIONI- y no se hubiese implantado ningún sistema de identificación universal, la nueva policía secreta sólo tendría que consolidar las bases de datos privadas existentes y añadir las públicas )las mantenidas por el IRS, el INS, el FBI y la SSA, entre otras), para disponer de una descripción muy detallada de la mayoría de los estadounidenses (...). En una sociedad democrática, las autoridades son controladas por la necesidad del poder de comparecencia, pero un Estado totalitario no se molestaría por estas sutilezas".

Una interesante reflexión teniendo en cuenta las noticias que aparecen últimamente en los periódicos.

2 comentarios:

E. Cruz dijo...

Curiosa dualidad: como defienden su privacidad y que poco la de los que estamos allende sus fronteras ¿cómo es eso de la paja en ojo ajeno?

Ad Edictum dijo...

Bueno, la verdad es que no sé por qué se rasgan las vestiduras ante la introducción de documentos identificativos obligatorios (que por la experiencia que tenemos en España, son más bien inocuos), cuando el verdadero riesgos para la libertad está en el acceso (que se produce de hecho) a los datos que están en poder de las empresas privadas.