miércoles, 25 de septiembre de 2013

Sí, un nuevo post

¡Caramba! Dejo pasar unas semanas sin escribir un post y se me acumulan los temas que quiero comentarles. Verán, la semana pasada tenía la voluntad y el deseo de escribir sobre dos interesantes ensayos de Michael IGNATIEFF. Ambos fueron publicados hace tiempo por la editorial Paidós. "Los Derechos Humanos como idolatría", se llama uno. Me parece un titulo la mar de adecuado, que está en la línea con la idea de Amitai ETZIONI sobre los límites de la privacidad. El principio es demoledor:

"Cincuenta años después de su proclamación, la Declaración Universal de los Derechos Humanos se ha convertido en el texto sagrado de lo que Elie Wiesel ha llamado "una religión laica de alcance planetario" (...) Los Derechos Humanos se han convertido en el mayor artículo de fe de una cultura laica que teme no creer en nada más. Se han convertido en la lengua franca del pensamiento moral global, tal como el inglés se ha convertido en la lengua franca de la economía global. La cuestión que quiero plantear respecto a esta retórica es la siguiente: si los derechos humanos son un conjunto de creencias ¿qué significa creer en ellos? ¿Son como una religión? ¿Equivalen a una esperanza? ¿O se trata de algo totalmente distinto?"

Las reflexiones de IGNATIEFF, quizás algo provocadoras, y en el fondo relativistas, merecen un comentario extenso que dejaré para otra ocasión. Hoy, quiero que lean la noticia publicada por la autoridad británica de protección de datos, el ICO, sobre una sanción impuesta recientemente.

El caso no tiene nada de especial: una empleada del Barclays accedió a la base de datos de la entidad consultar información de un cliente (en concreto el número de hijos que tenía) y pasársela a un amigo suyo. Esta empleada deberá pagar 3.360 Libras. Por supuesto, ha sido despedida. Dos ideas se me vienen a la mente. En primer lugar, si esto hubiera pasado en España, la multa la habría tenido que pagar el Barclays. En segundo lugar, compruebo con espanto que el ICO identifica a esta señora, o señorita, con nombre y apellido (además de proporcionar otros detalles, como su edad, o el trabajo que tenía que la hacen perfectamente identificable). Todo esto, en su página web, por cierto. ¿Qué hay del Derecho al Olvido? Estamos ante otra Señora Lindqvist, y eso, me apena.

Probablemente, esta noche tendré pesadillas. Buenas noches

lunes, 9 de septiembre de 2013

Políticas de Privacidad (Vol. III)

Tras unas vacaciones que no han sido tan largas como merezco, he vuelto al banco de galera. Éste es mi primer post tras la rentrée, así que no esperen nada extraordinario. Desde el principio, les advierto que no estará a mi altura.

Pero dejémonos de preámbulos, que son ya las 10.30. Mi propósito de hoy es convencerles de que las políticas de privacidad no necesitan ser extensas. Por eso, les animo a leer, si aún no lo han hecho, la Opinión 10/2004, del Grupo de Trabajo del art. 29, sobre una mayor armonización de las disposiciones relativas a la información. Una de las principales conclusiones de este documento es la siguiente:

"Es necesario que los avisos sean breves, que dispongan de un número limitado de categorías de información y de texto, y que estén redactados con un lenguaje sencillo."

Así como lo leen, queridos amigos. EL GT 29 se manifiesta partidario de ofrecer la información por niveles, considerando que esto favorece la calidad de la información y su comprensión para los usuarios, y que es buena la estandarización (la utilización de avisos que sigan el mismo modelo, algo que ocurre, por ejemplo, con los carteles de videovigilancia).

En el primer nivel, se ofrecería una información sucinta y sencilla, dejando para un segundo o tercer nivel mayores detalles (redactados quizás en un lenguaje jurídico o complejo). A pesar de las protestas manifestadas por la Manoli, la idea de utilizar iconos en el primer nivel de este tipo de cláusulas informativas no resulta descabellada, siempre que los usuarios se encuentren suficientemente familiarizados con los mismos. Este sistema resultaría especialmente útil desde el momento en el que la navegación por la web se efectúa desde smartphones, en los que, a veces, resulta complicado leer texto muy extensos o hacer click en la política de privacidad que se va a aceptar al enviar un formulario.

En fin, eso es todo. Mañana, más.