miércoles, 6 de febrero de 2013

Preocupación

Anteayer, prometí comentarles este post de Arcadi Espada. En él, se reproduce, traducida al castellano, la respuesta del físico Haim HARARI pregunta ¿Qué debería preocuparnos? Pueden leer el original, en inglés, en Edge.org.

A HARARI, le preocupa que las nuevas tecnologías pongan en peligro los fundamentos de la democracia liberal. Supongo que a muchos de Ustedes, optimistas antropológicos, les sorprenderá la respuesta del físico israelí.  
 
HARARI aporta siete razones para apoyar su tesis. No se las voy a comentar todas, gracias a Dios. Me centraré en tres cuestiones que me parecen de sentido común, a pesar de lo cual, o precisamente por ello, no las he encontrado muy de seguido en letra impresa. Dice HARARI:
 
"El segundo punto es otro tipo de discordancia temporal. Twitter, los SMS, los comentarios en internet, las réplicas y otras brevedades similares hacen que la tradicional noticia televisiva de 60 segundos parezca una eternidad. Pero los verdaderos problemas políticos no pueden resumirse en microtitulares. Esto fomenta el extremismo y la superficialidad y casi fuerza a los políticos a que se expresen en los 140 caracteres estándar de Twitter, en vez de en 140 líneas o páginas en cualquier informe de situación. Al público votante se le presentan únicamente eslóganes ultrabreves, y las generaciones más jóvenes están entrando en la próxima fase evolutiva de la raza humana: "homo neo-brevis", con una corta capacidad de atención, afinidad por las brevedades y dedos más estrechos para el smartphone."
 
En fin, los peligros de la manipulación de las masas ya nos los han explicado casi todos los pensadores del siglo XX, el siglo de los totalitarismos, desde Ortega a Eric Fromm, pasando por H. Arendt. Las nuevas tecnologías fomentan la simplificación, y por tanto, la demagogia y el borreguismo, con un inconveniente añadido específico de este momento histórico que vivimos: cualquier idiota puede convertirse en líder (o gurú), y dejar de serlo en cuestión de minutos. Antes, como norma general, era necesario desarrollar una carrera política o revolucionaria más o menos coherente.
 
Continúa explicando HARARI:
 
"El quinto peligro es la desquiciada carrera por la "transparencia", acentuada por la inmediata diseminación en la web de todo aquello que se revela. Es casi imposible mantener un debate franco y de alto nivel en condiciones, donde se sopesen opciones originales antes de rechazarlas, donde se manejen ideas creativas y se expresen las opiniones controvertidas, si cada palabra que se dice puede aparecer al cabo de días en las pantallas de miles de millones de ordenadores y smartphones, resumidas en una frase y a menudo sacadas de contexto. Es imposible escribir una carta de recomendación honesta o una evaluación minuciosa y ecuánime de una organización o proyecto, cuando la confidencialidad no solo se ve comprometida, sino que se idolatra la revelación pública. No sorprende demasiado que las personas con talento y experiencia, con demostrada competencia en cualquier otro campo, eviten normalmente entrar en la política, cuando la "transparencia" amenaza con destruirlos. A veces da la sensación de que los futuros altos cargos que se elegirán y nombrarán tendrán que publicar en la web las imágenes de su última colonocospia en la web, en nombre de la transparencia."

Este exceso de transparencia nos afecta a todos, no sólo a los políticos. Curiosamente, junto a una preocupación cada vez mayor por la privacidad, el internauta medio siente interés en mostrar como es, en vivir sin cortinas, y también, en que otros con los que interactúan hagan lo que él. En otras palabras, se criminaliza el anonimato, el hecho de no dar detalles personales a los cuatro vientos. Por ejemplo, las noticias de los periódicos señalan como un rasgo más de la anormalidad de los asesinos en serie que no tengan perfiles en redes sociales.

Y para terminar, en opinión de HARARI:
 
"El sexto punto, amplificado por la tecnología, es el justificado deseo público de libertades: de expresión, de la prensa, de información, libertad académica y todas las demás libertades garantizadas por una correcta democracia. Estas, así como otros derechos humanos, están entre los pilares más importantes de la democracia. Pero pueden ser llevados a extremos inaceptables que pueden provocar graves distorsiones: se permite la incitación al asesinato o al genocidio; la pedofilia es aceptable, revelar información sobre seguridad nacional que puede poner vidas en peligro está de moda; se exige el mismo tiempo para el creacionismo y la evolución; se protege con más vigor los derechos de los terroristas y asesinos que los derechos de las víctimas; surgen muchas otros problemas excéntricos que jamás se supuso que tuvieran que ser cubiertos por los derechos humanos fundamentales. La tecnología no está creando estas situaciones, pero la brevedad de los mensajes y su rápida y amplia diseminación, junto a la capacidad para transmitirlos a través de todas las fronteras, desde las dictaduras subdesarrolladas a las democracias, convierten los sagrados derechos humanos y libertades civiles en una espada de doble filo."

No puedo estar más de acuerdo.
 
Buenas noches.

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