jueves, 20 de diciembre de 2012

Comédie Humaine (II)

Debido a mi penoso estado de salud, este post será breve.

A diferencia de lo que pasa con "35 matrículas", a las dos protagonistas de hoy, las redes sociales las han tratado bien (y eso que, en un principio las cosas pintaban de color negro).

Por eso, me parece un buen ejercicio comparar el caso de Pablo Álvarez Meana con los de Olvido Hormigos y Doña Celia "Ecce Homo". Desde luego, estos dos últimos han resultado mucho más mediáticos. Nuestro amigo "35 matrículas" no pasa de ser un fenómeno limitado a las redes sociales, conocido casi exclusivamente por los usuarios de Internet. Por ahora, ninguno de los periódicos de tirada nacional se han ocupado de él. Y eso que, como pueden comprobar casi todos los días, resulta pasmosa la facilidad con la que un comentario absurdo en Twitter, cualquier nimiedad, se convierte en noticia de las ediciones digitales e impresas de El Mundo, El País o el ABC.

Olvido Hormigos, recuerden, estaba a punto de dimitir de su puesto de concejala cuando los periódicos comenzaron a hablar de un vídeo pornográfico que circulaba por la red, pero que sólo interesaba en su pueblo, en plena España Profunda. En Los Yébenes, la insultaban por la calle. Para el resto del país, era una desconocida. A raíz de la publicación de la noticia en los periódicos, ocurrieron dos cosas. La primera, la previsible: el vídeo se convirtió en la comidilla de las redes sociales. Todos lo vieron, todos los comentaron. La segunda ya no resultaba tan fácil de adivinar: Twitter, blogs, Facebook, etc... apoyaron mayoritariamente a la concejala. Personas desconocidas la animaban a continuar en su puesto y le recordaban que no tenía nada de qué avergonzarse. Básicamente, se la consideró la víctima inocente de la venganza de un amante despechado (aunque la cosa no se ha aclarado todavía), y en un símbolo de la libertad sexual de las mujeres contra la sociedad machista. En fin, Olvido Hormigos acabó siendo entrevistada, con la cabeza bien alta, por la mismísima Ana Rosa, lo cual, estarán conmigo, en que es lo más a lo que se puede aspirar en esta vida.

Por su parte, Doña Cecilia, que empezó siendo objeto de burlas bastante crueles, se ha convertido en un personaje entrañable, con club de fans incluido. De vez en cuando, aparece una entrevista suya en la tele, como si fuera una escena de "Amanece que no es poco". Y eso que la señora lo pasó bastante mal al principio (crisis nerviosa, encierro en casa, etc...). Ahora, en su pueblo, convertida en celebridad, ha presentado una demanda para obtener parte de los beneficios que se generan alrededor de su obra (otra sentencia que espero ansiosamente).

¿Qué diferencia hay entre estos dos casos y del de nuestro amigo "35 matrículas"? ¿Por qué unas caen en gracia y al otro se lo lincha? Volvemos a lo de siempre: la opinión pública en las redes sociales resulta difícilísima de controlar y dirigir.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Varios

Dedicaremos este post a "pasar revista" a distintos artículos y curiosidades que he encontrado por ahí.

Para empezar, aquí les dejo un link a una entrada de Wired, que nos informa de que existe una web llamada Face Retirement para comprobar el aspecto que tendremos en  veinte o treinta años. Lo gracioso del tema es que la idea ha partido de la compañía norteamericana Merrill Edge, que ofrece servicios de inversiones financieras. Al parecer, piensan que así nos haremos a la idea de que envejeceremos, y comenzaremos a ahorrar e invertir para nuestra jubilación.  Reconozco que es una idiotez, pero ¿a que han ido inmediatamente a hacerse con una foto suya envejecida para colgarla en twitter?

Ayer, en EL MUNDO, aparecía una noticia que viene al hilo de aquello que les comentaba el otro día. Al menos, en este caso, la publicación de la fotografía (o mejor dicho, la actitud del tipo que la tomó, y la del resto de pasajeros que esperaban en el andén y se abalanzaron, teléfono en mano, sobre el cadáver) ha molestado al público americano.

Desde luego, la escena del atropello de un hombre en el metro resulta light comparada con lo que a veces se recrea en el cine. Pero hay una diferencia fundamental, más importante que el contenido en sí: Una cosa ha ocurrido realmente; la otra, se finge. Muchos no hacen distinciones entre ficción y realidad. Convertidos en espectadores permanentes, colocan al mismo nivel las dos cosas.

A mí, lo real me impresiona. No puedo evitarlo: Ha sucedido en algún sitio. No se trata de una recreación. Da vértigo pensar que un hombre ha muerto en ese preciso momento que se nos muestra grabado o en fotografía.

Publicaciones como la citada en el artículo de El MUNDO me parecen obscenas, pornográficas, un verdadero ataque a la intimidad (que al fin y al cabo, no hay momento más íntimo en la vida que el de la muerte). Sólo resultan aceptables en casos justificados, en circunstancias concretas.

En fin, pasemos a algo más interesante. Me ha gustado mucho este artículo de Nilay Patel en CCN. Les resalto sólo un par de párrafos (háganme el favor de leerlo entero):

"Interesting dramas regularly unfold on Twitter. Last year the terrorist group Al-Shabaab gained notoriety for setting up a Twitter account. More recently, the Twitter accounts of Israel Defense Forces and Hamas began a war of words as the two sides began fighting each other on the ground. Human tragedy turned into theater on the Internet.

The episode drew scrutiny from Congress, with seven Republican members of the House calling on the FBI to shut down Hamas' Twitter account. "Allowing foreign terrorist organizations like Hamas to operate on Twitter is enabling the enemy," said Rep. Ted Poe, R-Texas. He continued, "The FBI and Twitter must recognize sooner rather than later that social media is a tool for the terrorists."

Actually, Congress can't tell Twitter what to do under the First Amendment, but the company will face increasing scrutiny as its user base grows — and for the level of control it can exert over free speech in a private platform."

Por último, recuérdenme que incluya en el "Manual de Estilo Ad Edictum", ése que les comentaba el otro día que estaba preparando, lo que cuenta Arcadi Espada sobre la condescendencia para con los lectores. Más de una vez he pensado lo que dice la editora de Pinker al leer blogs del sector, que están escritos para niños.

Buenos días.

martes, 4 de diciembre de 2012

Lecturas recomendadas

El último número de la Revista Aranzadi de Derecho y Nuevas Tecnologías (Septiembre-Diciembre de 2012, Núm. 30) viene de lo más interesante. Vamos, que les recomiendo su lectura.

El artículo de Juan María MARTÍNEZ OTERO, Lucía GARCÍA MOLINER y Consuelo PONCE PEÑARANDA, además de estar muy bien escrito, contiene un resumen más que aceptable de la jurisprudencia relativa al uso de cámaras ocultas en reportajes periodísticos. Echo en falta que no mencione la posible vulneración del derecho fundamental a la protección de datos de este tipo de grabaciones. Se centra en otros derechos en liza: el honor, la intimidad y la propia imagen. Me ha gustado la breve referencia a Códigos Deontológicos de distintas organizaciones del sector peridístico. Muy curioso, lo que comentan a propósito de RTVE:

"El estudio del caso del Manual de Estilo de la Corporación RTVE en lo que toca al uso de la cámara oculta resulta ilustrativo del diálogo continuo entre Derecho y Deontología en el mundo del periodismo. Tras la comentada STC 12/2012, de 30 de enero, que condena el uso de la cámara oculta, el Consejo de Administración de la Corporación aprobó en febrero de 2012 una modificación de su Manual de Estilo, prohibiendo taxativamente el uso de cámaras ocultas en los siguientes términos: "Se prohibe el uso de cámras y micrófonos que impiden que una persona sepa que están siendo grabadas su imagen y sus palabras para su posterior emisión pública."

Esta modificación, acordada apenas tres semanas después del citado pronunciamiento del Tribunal Constitucional, partía de la loable voluntad de adecuar el Manual de Estilo a lo que el Consejo de Administración entendió eran las nuevas exigencias jurisprudenciales. Sin embargo, en nuestra opinión, la nueva redacción ni se ajusta mejor al marco jurídico dibujado por la jurisprudencia más reciente, ni mejora la redacción anterior: antes al contrario, la empobrece lamentablemente.

La redacción vigente, con ser lacónica y contundente, adolece de cierta ambigüedad y arroja algunas dudas: ¿qué sucede con las grabaciones en contextos de entretenimiento? (...)".

¡Ay, queridos lectores, qué importantes son los Manuales de Estilo! Estoy redactando el de este blog....

Pedro CHAPARRO MATAMOROS analiza "El delito de descubrimiento y revelación de secretos a propósito de un caso de video-montaje". Tengo que hacerme con la sentencia reseñada y leerla con calma: O el abogado de la víctima era especialmente incompetente o vamos camino de un "Art.- 197-CP-para-todo".

He leído con cierta desazón el artículo de Juan Carlos ORENES RUIZ, sobre "Publicidad de Sentencias, Internet y Protección de Datos de Carácter personal" (¡ahí es nada!). El autor se refiere a la AEPD como "AGPD" a lo largo de todo el texto. No quiero echar la cuenta de cuántos gatitos habrán muerto. Hombre, hombre....

En fin, no acaba aquí el contenido de la Revista, pero a mí me duele la espalda y mañana tengo que ir a auditar a unos señores muy majos a eso de las nueve. Mejor dejarlo por ahora. Buenas noches.

domingo, 2 de diciembre de 2012

¿Acaso Liberty Valance era una persona?

Hay un momento en “El hombre que mató a Liberty Valance” en el que Ramson Stoddard (James Stewart) viaja a Capital City, como delegado del pueblucho en el que vive, para participar en una Asamblea, y acaban eligiéndolo diputado.
 
No era ésa su intención. Son sus convecinos quienes le propone para el cargo, sin consultarle.
 
Otro de los presentes en la reunión, que obviamente quiere ser el elegido, se levanta diciendo palabras muy cuerdas, pero que en el contexto de la película no nos lo parecen tanto (Ford le da un toque de un político profesional, y por tanto, de demagogo): “¿Queremos que nos represente alguien cuyo único mérito consiste en haber matado a un semejante, a otro hombre?”.
 
Ramson Stoddard es un abogado, un hombre culto educado en el Este, que había llegado al Oeste lleno de buenas intenciones. Ya en la diligencia en la viaja, se topa con la realidad: Liberty Valance, el matón de turno, le roba y le da una paliza. A partir de ahí, todo va de mal en peor. Lejos de abrir despacho y ejercer su profesión, debe contentarse con lavar platos, y sufrir una humillación tras otra.

Cuando Liberty Valance mata al director del periódico local, amigo de Stoddard, éste por principios, y sabiendo que le van a liquidar, decide plantarle cara. Nadie en el pueblo apuesta un dólar por su cabeza. Sin embargo, en el duelo, milagrosamente, muere Liberty Valance, el tipo duro que tenía todas las de ganar.

Stoddard, no se siente orgulloso de lo que ha hecho (matar a otro hombre, a un cretino, eso sí, pero a un ser humano al fin y al cabo). Sobre todo, lamenta haberse rendido a la violencia. Pero para sus convecinos es un héroe.

Por eso, uno de los paisanos de Ramson, muy ofendido, le replica al otro candidato, como si aquello fuera una obviedad: “¿Acaso Liberty Valance era una persona?”.

Los que están en la sala aclaman enfervorizados a Ramson Stoddard (esto es democracia en estado puro), aunque él sabe que su contrincante tiene razón. Se marcha dispuesto a renunciar. Al abandonar la sala en la que transcurre la elección, Stoddard se topa con Tom Doniphon (John Wayne), que le explica que fue él quien disparó, desde un callejón, a Liberty Valance.

John Ford nos muestra la vuelta de Ramson Stoddard a la reunión con un abrir y cerrar de puertas magistral, con la cámara fija. Aquel día fue el inicio de una brillante carrera política y de una leyenda, la del hombre que mató a Liberty Valance, un símbolo de la Justicia frente a la opresión.

Muchos años después, Stoddard, convertido en senador, vuelve al pueblo para el entierro de Tom Doniphon. Todos se encargan de recordarle que él mató a Liberty Valance, como si aquello fuese la cosa más maravillosa del mundo. Y cuando él mismo cuenta a un grupo de periodistas la verdad, que fue Doniphon quien lo hizo, éstos se niegan a publicar la historia: “Esto es el Oeste –le dicen-. Cuando la leyenda imprime en tinta, deja de ser leyenda.”

“El hombre que mató a Liberty Valance” tiene muchas lecturas. John Ford rodó esta película, tan desencantada, tan nostálgica, un largo flash back en blanco y negro cuando todo el mundo utilizaba ya el color, con casi setenta años. La complejidad de los valores que refleja (la importancia de la verdad, de la ley o de la violencia, el papel de la prensa, la necesidad de hacer justicia o no hacerla,…) se ve acentuada por el mundo que retrata: Se sitúa en el fin de una era, de un estilo de vida, el del salvaje Oeste a punto de ser civilizado, y a punto de desaparecer también. No resulta sencillo decir quién obró correctamente o quién es el héroe de la historia. Sí parece claro que nadie que vea la película sentirá compasión por Liberty Valance, que pierde por completo su condición de persona para convertirse en un símbolo de todo lo que se odia, de todo lo malo.

Hace unos días, en la portada de El Mundo, aparecía la fotografía de un cadáver arrastrado por motoristas en las calles de Gaza. Se trataba de un hombre al que habían acusado de colaborar con Israel, y por tanto, ejecutado. Aunque no critico ni el hecho de matarlo ni la fotografía que nos acompañó en el desayuno (ambas cosas son justificables, compartamos o no los motivos por los que se hace), no deja de asombrarme la facilidad con la que se publican este tipo de imágenes. También me asombra que esto lo permita una sociedad que ha hecho del buenismo y de lo políticamente su santo y seña. Supongo que para muchos el muerto también ha dejado de una persona. Es difícil admitir la propia miseria moral.