sábado, 10 de noviembre de 2012

El expediente

Hace unos años leí un libro de Timothy Garton Ash titulado El expediente (Tusquest Editores, Bercelona, 1999). El autor es un historiador inglés que viajó a la República Democrática Alemana antes de la caída del telón de acero, a finales de los 70, para investigar movimientos de resistencia al nazismo. Allí, como podrán Ustedes imaginar, levantó las sospechas de la Stasi, el Ministerio para la Seguridad del Estado, que siguió sus pasos de cerca, y abrió el oportuno expediente.
Años más tarde, cuando se hicieron públicos estos documentos, Garton Ash viajó de nuevo a Alemania. Le esperaba una carpeta de cinco centímetros de grosor en la denominada Junta Federal de Archivos. En parte, había sido censurada. Antes de entregarle su expediente, un funcionario lo había leído, para eliminar el nombre de terceras personas inocentes o la descripción de hechos que afectaran a otros ciudadanos. ¿Les suena esto, verdad? 
El autor descrubió que personas que creía sus amigos, colegas con los que trabajó, e incluso su novia, habían colaborado con la Stasi. Se puso en contacto con algunos de ellos para intentar comprender sus motivaciones. Casi todos le recibieron y justificaron, en mayor o menor medida, su actitud.
Como historiador, Garton Ash hace observaciones muy interesantes sobre el funcionamiento de los archivos de la Stasi y la forma en que se organizó su apertura a los interesados. La consulta de los mismos, debía efectuarse en oficinas reconvertidas que antes había sido ocupadas por el Ministerio para la Seguridad del Estado, sobre el original, o sobre una fotocopia de una fotocopia del original para evitar que las partes tachadas se leyeran al trasluz.
"Antes - señala el autor- las ventanas que daban al exterior estaban completamente selladas para que ningún agente doble pudiera sacar a escondidas algún documento secreto, o simplemente, para evitar que se lo llevara volando una inoportuna corriente de aire (...). En la sala donde está el catálogo del índice, mujeres de mediana edad, con bata rosa chillón y pantalones de nailon, circulan haciendo resonar sus sandalias de plástico entre las enormes máquinas de las fichas. Y digo máquinas porque son unos artefactos motorizados: las cajas donde están las fichas se hallan suspendidas de un eje, como las vagonetas de una noria de feria. Si se pulsa el botón "K", la enorme rieda empieza a girar hasta que las fichas de la "k" quedan arriba. El índice F16 (.....) contiene nombres auténticos, pero ordenados según el propio alfabeto fonético de la Stasi (...). Si transcribes los nombres por haberlos oído a través de un micrófono oculto o de un teléfono trucado, no sabes muy bien cómo se deletrean.
(...). Al final del pasillo, las mujeres te enseñan la "sala de la tradición": Medallas, bustos de Lenin, certificados al valor (....). Sobre una la mesa unos tarros como de mermelada. Cada uno está cuidadosamente etiquetado y contiene un pequeño fragmento de tejido de pana de color amarillo sucio. Son muestras de olores personales, que se tomaron por si era necesario que unos perros sabuesos se los aprendieran. Según el diccionario de la Stasi, el término correcto para estos tarros es el de "olor en conserva".
Allí cerca está lo que ellos llaman la "caldera de cobre" una sala abovedada y forrada de metal, en la que el ministerio tenía planeado poner un amplio sistema informatizado que contuviera la información sobre cada persona. El metal era para aislarla de cualquier interferenciaelectrónica procedente del exterior. En cambio, la caldera de cobre alberga ahora centenares de sacos repletos de papel: documentos hechos pedazos durante las semans que transcurrieron entre el inicio de las protests masivas en el otoño de 1989 y el asalto alministerio a comienzos de 1990 (...) La Junta Gauk intenta ahora reconstuirlos, trocito a trocito."
La descripción que hace Garton Ash podría haber servido de inspiración a una película de Terry Gilliam. La misma burocracia comunista que se empeñó en crear aquellos archivos acabó poniéndose al servicio de la transparecia.
A alguno de Ustedes les parecerá que no era necesario invertir tantos recursos en poner a disposición de los ciudadanos esta información, sobre todo teniendo en cuenta la situación económica de la Alemania del Este en aquellos momentos. A veces, ésta es la única forma de superar el pasado.
Buenos días.

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