domingo, 11 de noviembre de 2012

El expediente (y 2)

Mi último post lo cerré de una forma un tanto acelerada para llegar a la sesión matinal de "Argo" (lo sé, lo sé, culpable: me voy al cine en lugar de sentarme a escribir la tesis). Por eso, voy a escribir una segunda parte. Hay otra cita del libro de Garton Ash que quiero compartir con Ustedes:

"Alemania ha tenido procesos, purgas y comisiones para dilucidar la verdad, y ha abierto de forma sistemática los archivos de la policía secreta a todo individuo que quiera saber todo lo que hicieron, o lo que hizo él a los demás. Este caso es único. Aparte de Alemania del Este, qué otro país poscomunista tendría el dinero necesario para llevarlo a cabo? El presupuesto de la Junta Gauck para 1996 fue de 234 millones de marcos. Esto supera el presupuesto global que Lituania dedica a defensa.

La Junta emplea a más de tres mil personas a jornada completa, tanto del Este como del Oeste (...). Y los historiadores del departamento de investigación constituyen en sí una pequeña parte de la historia. Un par de ellos proceden del Este, con una dura experiencia personal a sus espaldas. Otros estudiaron historia de Alemania del Este en institutos del Oeste. Sin embargo, algunas de las figras más relevantes proceden del Instituto de Historia Contemporánea de Munich, famoso por sus estudios acerca del nazismo (....). La suya es también es una historia peculiarmente alemana: pasarse la primera mitad de la vida analizando una dictadura alemana, y la segunda mitad analizando de manera profesional la siguiente dictadura (...).

Todos aquellos que trabajan directamente con los expedientes poseen extraordinarios conocimientos. SIn embargo, por muy desapasionadas y responsables que sean estas personas, así como los procedimientos que siguen y el ambiente general, todavía hay una excitación voyeurista por conocer los detalles más íntimos de la vida de otras gentes."

Según parece, los archivos de la Stasi comprenden "1,6 millones de fotos, diapositivas y negativos, 111 kilómetros de estanterías llenas de documentos y 15.500 sacos repletos de actas despedazadas". Les llamo la atención sobre la inversión económica que supone poner a disposición de los alemanes del Este estos archivos, y especialmente, la reconstrucción de la documentación que intentó destruirse. Aunque las máquinas que emplearon los funcionarios de la Stasi estaban obsoletas, y por tanto, no cumplieron bien su función, y a pesar de que no se pudo completar el proceso eliminación como se había previsto (con el posterior quemado o disolución química de los restos), las tareas de reconstrucción,  que todavía continúan, parecen eternas. Se ha recurrido a los inventores del programa Mp3 para crear un software que ayude a ello, pero aún así, la intervención humana resulta necesaria para planchar y escanear trozos de papel.

Existe también otro problema. Muchas grabaciones efectuadas con micrófonos ocultos no se encontraban inventaridas ni clasificadas, y ahora resulta difícil identificarlas.

En un reciente artículo de la BBC, de septiembre de este año, pueden leer una descripción detallada de los esfuerzos que se están realizando en este sentido.

Y a todo esto, no sé si aquellos de Ustedes aficionados al derecho al olvido, se han planteado que el ciudadano alemán pueda solicitar la destrucción de su expediente. Al fin y al cabo, información muy íntima (conversaciones personales, o incluso su olor corporal, como les comentaba ayer) se encuentra en poder de la Administración Pública de un país con una historia poco tranquilizadora en lo que se refiere a respeto de Derechos Humanos. Antes de responder, por favor, lean este otro artículo, escrito por el Encargado Federal del Archivo de los documentos de la Stasi y titulado "Transparencia en vez de olvido".

El esfuerzo de transparencia del Gobierno parece encomiable. También lo es, al menos desde fuera, el civismo que ha demostrado el pueblo alemán al no fomentar los linchamientos colectivos ni las represiones. Pero en fin, Eichmann, capturado en Buenos Aires en una de las controvertidas operaciones del Mosad, y condenado a muerte en Israel en 1962 por ser uno de los responsables de la Solución Final, podría haber sido tomado como ejemplo de buen ciudadano.

Buenos días.

sábado, 10 de noviembre de 2012

El expediente

Hace unos años leí un libro de Timothy Garton Ash titulado El expediente (Tusquest Editores, Bercelona, 1999). El autor es un historiador inglés que viajó a la República Democrática Alemana antes de la caída del telón de acero, a finales de los 70, para investigar movimientos de resistencia al nazismo. Allí, como podrán Ustedes imaginar, levantó las sospechas de la Stasi, el Ministerio para la Seguridad del Estado, que siguió sus pasos de cerca, y abrió el oportuno expediente.
Años más tarde, cuando se hicieron públicos estos documentos, Garton Ash viajó de nuevo a Alemania. Le esperaba una carpeta de cinco centímetros de grosor en la denominada Junta Federal de Archivos. En parte, había sido censurada. Antes de entregarle su expediente, un funcionario lo había leído, para eliminar el nombre de terceras personas inocentes o la descripción de hechos que afectaran a otros ciudadanos. ¿Les suena esto, verdad? 
El autor descrubió que personas que creía sus amigos, colegas con los que trabajó, e incluso su novia, habían colaborado con la Stasi. Se puso en contacto con algunos de ellos para intentar comprender sus motivaciones. Casi todos le recibieron y justificaron, en mayor o menor medida, su actitud.
Como historiador, Garton Ash hace observaciones muy interesantes sobre el funcionamiento de los archivos de la Stasi y la forma en que se organizó su apertura a los interesados. La consulta de los mismos, debía efectuarse en oficinas reconvertidas que antes había sido ocupadas por el Ministerio para la Seguridad del Estado, sobre el original, o sobre una fotocopia de una fotocopia del original para evitar que las partes tachadas se leyeran al trasluz.
"Antes - señala el autor- las ventanas que daban al exterior estaban completamente selladas para que ningún agente doble pudiera sacar a escondidas algún documento secreto, o simplemente, para evitar que se lo llevara volando una inoportuna corriente de aire (...). En la sala donde está el catálogo del índice, mujeres de mediana edad, con bata rosa chillón y pantalones de nailon, circulan haciendo resonar sus sandalias de plástico entre las enormes máquinas de las fichas. Y digo máquinas porque son unos artefactos motorizados: las cajas donde están las fichas se hallan suspendidas de un eje, como las vagonetas de una noria de feria. Si se pulsa el botón "K", la enorme rieda empieza a girar hasta que las fichas de la "k" quedan arriba. El índice F16 (.....) contiene nombres auténticos, pero ordenados según el propio alfabeto fonético de la Stasi (...). Si transcribes los nombres por haberlos oído a través de un micrófono oculto o de un teléfono trucado, no sabes muy bien cómo se deletrean.
(...). Al final del pasillo, las mujeres te enseñan la "sala de la tradición": Medallas, bustos de Lenin, certificados al valor (....). Sobre una la mesa unos tarros como de mermelada. Cada uno está cuidadosamente etiquetado y contiene un pequeño fragmento de tejido de pana de color amarillo sucio. Son muestras de olores personales, que se tomaron por si era necesario que unos perros sabuesos se los aprendieran. Según el diccionario de la Stasi, el término correcto para estos tarros es el de "olor en conserva".
Allí cerca está lo que ellos llaman la "caldera de cobre" una sala abovedada y forrada de metal, en la que el ministerio tenía planeado poner un amplio sistema informatizado que contuviera la información sobre cada persona. El metal era para aislarla de cualquier interferenciaelectrónica procedente del exterior. En cambio, la caldera de cobre alberga ahora centenares de sacos repletos de papel: documentos hechos pedazos durante las semans que transcurrieron entre el inicio de las protests masivas en el otoño de 1989 y el asalto alministerio a comienzos de 1990 (...) La Junta Gauk intenta ahora reconstuirlos, trocito a trocito."
La descripción que hace Garton Ash podría haber servido de inspiración a una película de Terry Gilliam. La misma burocracia comunista que se empeñó en crear aquellos archivos acabó poniéndose al servicio de la transparecia.
A alguno de Ustedes les parecerá que no era necesario invertir tantos recursos en poner a disposición de los ciudadanos esta información, sobre todo teniendo en cuenta la situación económica de la Alemania del Este en aquellos momentos. A veces, ésta es la única forma de superar el pasado.
Buenos días.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Recortes

Como habrán podrido comprobar, últimamente, no escribo muchos posts (tampoco otras cosas, no se crean). Tranquilícense. Les anticipo que he decidido poner de mi parte para superar este momento Federico Moreau y actualizaré el blog más de seguido. Comenzaré con algo sencillo, unos recortes, que hoy es domingo.
 
He leído con interés el artículo de Antonio TRONCOSO en el número 59 de la revista "Datos Personales". Les destaco los siguientes párrafos:
 
"A nuestro juicio, el ciudadano que se encuentre con tratamientos de sus datos personales excesivos debe ejercer su derecho de cancelación ante el responsable del tratamiento principal, que es la Administración que mantiene publicada la información personal, no el buscador. La responsabilidad por la infracción de no cancelar la información debe atribuirse principalmente a la Administración, no al buscador. Exigir la cancelación a los buscadores no parece lo más práctico cuando existen un número amplísimo de éstos -y muchos más que pueden crearse en el futuro-. Hay que señalar que en Internet todo se replica por distintos mecanismos.
(...)
Además, muchos de los buscadores se encuentran fuera de España -consecuencia lógica de la universalidad de Internet- y hasta ahora ha sido muy difícil garantizar la aplicación de la Directiva y de la ley española y la ejecución de las resoluciones de las autoridades de protección de datos de España. Quiero que se me entienda bien: existe también una responsabilidad secundaria del buscador pero en los temas que están a debate la responsabilidad principal la tiene la fuente original que es la Administración Pública, que ha publicado reiteradamente en un diario oficial o en Internet datos excesivos –incluso especialmente protegidos- para la finalidad y que los mantiene publicados a pesar de que se haya cumplido ésta, negándose a adoptar ningún mecanismo técnico que impida la indexación; en cambio, los buscadores son básicamente herramientas técnicas, y que tienen sin duda una responsabilidad, pero que no es, en absoluto, la principal.
(...)
El problema principal de que alguien que ha orinado en la vía pública o que ha recibido una ayuda a la pobreza aparezca publicado en un diario oficial lo ocasiona –valga la redundancia- quien lo ha publicado, no el buscador, y es, por tanto, el primero de ellos el que tiene que resolver el problema. De hecho, es mucho más rentable y eficaz para el ciudadano que la autoridad de control se centre en la Administración Pública que tiene muy cerca –por no decir al lado- a que se dirija al buscador que está afincado en EEUU. Pero también es verdad que para la autoridad de control es más valioso en términos de aparición en los medios de comunicación un litigio con una corporación internacional que con una Administración Pública. Esto último supone un desgaste a nivel político muy elevado. En general en muchas ocasiones, es más cómodo para una autoridad de control atribuirle la responsabilidad a una entidad privada que dirigirse contra la Administración -Ministerios, Consejerías o Direcciones Generales-. Esto le ocurre especialmente a las Agencias autonómicas en su relación con las Administraciones Autonómicas y con las Administraciones Locales donde se dan la mayoría de las publicaciones excesivas. Los buscadores no pueden estar a resolver los problemas de lo que hacen mal las Administraciones Públicas."
 
Menos mal que alguien lo dice claramente. Acabáramos...
 
En el mismo número, conmemorando los 20 años de la aprobación de la LORTAD, publica también unas palabras D. Emilio del Peso. La foto que las acompaña es antigua, pero supongo que seguirá llevando pajarita. "Nostalgia de una buena ley", se titulan sus reflexiones. Me han resultado entrañables (o algo así).
 
Cambiando de tema, aunque no mucho, he estado viendo esta mañana la entrevista de Jaime Bayly a Jorge Ramos. Hablan, entre otras muchas cosas, de la necesidad de que los medios de comunicación muestren las imágenes de los soldados americanos muertos en Irak. Dice Ramos que de los 4.122 fallecidos, sólo se ha podido fotografiar a seis. Los periodistas se equivocan, argumenta Don Jorge. Deben enseñar la brutalidad de lo que esta ocurriendo, aunque sea duro para las familias de los muertos. Ayuda a descubrir al pueblo americano que está en guerra. 
 
Me gustaría saber su opinión, queridos lectores, sobre el tema. No es una cuestión fácil. Yo creo en la necesidad de generar documentos históricos que muestren lo que está pasando, pero de ahí a difundirlos masivamente en medios de comunicación.... No sé cómo nuestra sociedad puede compaginar este desprecio por las víctimas con la importancia que atribuye a derechos tan insignificantes, en términos humanitarios, como el derecho a la protección de datos. En mi opinión, es ante todo una decisión política, no ética. Justificarla de otra forma, sólo conduce a aporías.
 
Ha dejado de llover. Me voy al Retiro. Buenos días.