sábado, 22 de septiembre de 2012

Privacidad, esa nueva asignatura

A pesar de la crisis, en España, somos unos privilegiados. A pesar de los recortes sociales, tenemos a nuestra disposición mayores beneficios (de todo tipo) de los que tuvieron nuestros padres y nuestros abuelos. A pesar de que sufrimos la amenaza del terrorismo, la mayor parte de nosotros pertenecemos a una generación que no ha vivido ninguna guerra en territorio español. Por eso, podemos dedicarnos los sábamos por la mañana a elevar a los altares derechos humanos de ultimísima generación, que sólo aparecen en las sociedades desarrolladas como la nuestra, en el primer mundo. 
No hace mucho, un señor fue multado por presentar a un concurso la foto del hijo de otro vestido de pequeño jedi. No les digo que hiciera bien o que la multa fuera injusta, pero si hay alguien que se preocupa por esas cosas, es porque tiene tiempo y otras necesidades cubiertas.Vayan a África, a preguntarle a los padres de los "niños de la guerra" si les importa que las fotografías de sus hijos aparezca un día sí y otro también en periódicos, revistas, blogs, y exposiciones de todo tipo. Tienen otras cosas de las que preocuparse, como por ejemplo, sobrevivir con cierta dignidad.
Cada vez que veo las imágenes de estos niños, muchos de los cuáles ya estarán muertos cuando llegan a nosotros, me pregunto quién defiende sus derechos y de qué sirve que aquí, en España, nos consagremos al estudio teórico de las libertades públicas en un fin de semana de septiembre. También me acuerdo de Omayra Sánchez, a la que vi morir en directo, cortesía del derecho a la libertad de expresión y de información de nuestros periodistas. Estoy segura de que todos los cursos y jornadas a los que he asistido sobre Privacidad la han ayudado mucho.
Pero como no quiero caer en la sensiblería, ni que me acusen de demagogia, les propongo un ejercicio más aséptico: Echen un vistazo a las resoluciones de la Agencia Española de Protección de Datos. Verán que la mayoría no se refieren a supuestos graves de intromisión del Estado en los derechos de los ciudadanos. Hay un gran número de resoluciones que nos hablan de pequeñas vendettas: clientes que han recibido un tratamiento pésimo, trabajadores despedidos, etc...Si la protección de datos comenzó siendo un derecho vertical, para proteger al ciudadano frente a los mecanismos de control de los Gobiernos, ahora es un derecho primordialmente horizontal, entre particulares, entre una empresa y sus clientes, entre un vecino moroso y el administrador de la finca,...
Vivimos en una sociedad en la que se fomenta la falta de responsabilidad. Ya lo he escrito en otras ocasiones. Parece que se nos manda el mensaje de que sólo temos derechos, y que, a la hora de exigir responsabilidades, la culpa es de los otros: de la sociedad, del entorno o, en este caso, de la falta de educación.
Se enseña que los derechos que tenemos son absolutos. Se fomenta que los ejerzamos así se hunda el mundo, aunque pisemos a otros, o aunque sea injusto lo que pido, porque "tengo mis derechos" o "soy libre" y nadie puede cohartar mi libertad. No se fomenta la tolerancia ni el respecto por la dignidad y la libertad de los otros. Estamos creando una sociedad de "rafitas" en potencia.

Los ciudadanos responsables, conscientes de sus derechos y obligaciones, los que no van a una manifestación como a una romería, los que se piensan mucho a quién dan su voto o por qué participar en una protesta, no se crean hablando de intimidad en los colegios. Retuerzan la idea lo que quieran y traigan por los pelos la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, o citen a Thoreau, si quieren, como hacen los horteras.
Si Ustedes me preguntan si debe incluirse una asignatura específica sobre "Privacidad" en los actuales planes de estudios, ¿qué quieren que les diga? ¿Que es una idea brillante? ¿Que es lo que el mundo necesita? ¿Que va a contribuir a formar a mejores personas, y mejores ciudadanos? ¡Hombre, por Dios! 
Siento decirles esto, porque les va a doler, pero no vivimos en una dictadura ni, afortunadamente, tenemos que escondernos por pensar como pensamos o creer en lo que creemos. El mundo no es mejor por el hecho de que mi operador de telefonía deje de enviarme SMS. Recibir publicidad por mail, no es nada comparado con pasar hambre, o haber sido vendido a un burdel vietnamita. Lo repito: somos unos privilegiados y debemos tomar conciencia de que la excesiva atención a los ciberderechos nos encierra en nuestra torre de marfil y nos aisla de la realidad.
Si todavía continuan leyendo este post, un consejo: váyanse a pasear al Retiro.

1 comentario:

La Dirección dijo...

Completamente a favor de este magnífico post.

Fdo. Un amigo