jueves, 27 de septiembre de 2012

Derecho al olvido: una historia humana

Aquí me tienen de nuevo. En mi último post, les comenté una resolución en la que, por referirse los hechos a una difusión de datos por Internet, se traía a colación el Caso Bodil Lindqvist. Los que lo leyeron repararon en lo injustos que estamos siendo con la Señora Lindqvist.
 
Esta mujer, oriunda del sur de Suecia, que, si hacemos caso de las estadísticas, debió de disfrutar de una juventud gozosa y exhuberante, decidió apuntarse en el otoño de su vida a un cursillo de informática. Ese fue su error, el comienzo de sus desgracias. ¡Ay, si en lugar de eso se hubiera inscrito en el curso de Privacidad que daban en el aula contigua...!
 
La Señora Lindqvist trabajaba como asistenta, dedicando su tiempo libre a colaborar con la parroquia a la que había asistido desde pequeña, la parroquia de Alseda. Aquí pueden ver más detalles de este precioso lugar, de origen medieval. 
 
La parroquia, en fin, y las clases de catequesis semanales que impartía, eran la vida de la Señora Lindqvist, sin familia, ni hijos a los que atender. Así que, cuando en el curso de informática le pidieron que hiciera una página web, sólo se le ocurrió hablar en ella de los feligreses de Alseda.
 
Bodil Lindqvist incluyó en su web información sobre 18 compañeros de la parroquia, mencionando su situación familiar y su domicilio y otros datos de contacto. Al parecer, además, nuestra catequista describía con "ligero tono humorístico" las funciones y aficiones de sus compañeros.
 
La página web fue suprimida por su autora en cuanto que ésta supo que a algunos de los afectados no les había hecho gracia, pero ya era demasiado tarde. La Agencia Sueca, la Datainspektion (en serio, se llama así), había tomado nota de la infracción.
 
A nuestra catequista se le abrió un proceso penal y el resto es historia. Ahora, en Alseda, la llaman Bodil Personuppgifter, que en sueco significa "dato de carácter personal". Cuando uno teclea su nombre en el cajetín de búsqueda de Google, aparecen 319.000 resultados, los primeros de ellos, por supuesto, relacionados con el desgraciado asunto que acabamos de explicar.
 
Mientras el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas no cambie su actitud e insista en incluir el nombre completo de los particulares en sus sentencia, no habrá Justicia ni Democracia, y puede que nos expulsen del Euro. La lucha por los Derechos Humanos, como todo lo importante en esta vida, se decide a base de pequeños detalles.
 
Buenas noches.
 
Correspondencias. Sí, P., como me decías esta mañana, Bodil Lindqvist debería grabar un video porno, a ver si dejamos de hablar de ella.
 

martes, 25 de septiembre de 2012

El caso del Community Manager enfadado

Hoy les comentaré una resolución de la Agencia Española de Protección de Datos que está relacionada con la gestión de perfiles corporativos en redes sociales.

El hecho que motiva la denuncia es la publicación de una fotografia en la Página de Facebook de una empresa. Ya se estarán imaginando que esta fotografía contenía datos de carácter personal.

Como Ustedes saben, resulta habitual que las empresas cuelguen en sus perfiles, sin muchos miramientos, fotografías o vídeos de eventos varios, desde fiestas sociales a conferencias, pasando por oficinas propias con el personal en trance de realizar sus actividades diarias. Por otro lado, si alguien ve una escena curiosa por la calle (un cartel, una pintada, etc…), tampoco es raro que haga una foto y la suba a su perfil.

Lo que no se van a esperar es lo que hicieron nuestros amigos: fotografiaron el parte de baja de una empleada de la compañía. Al parecer, al administrador de la cuenta le parecía excesivo que le hubiesen dado 60 días de baja por enfermedad común y decidió compartirlo con sus seguidores, añadiendo comentarios en los que ponía en duda que la trabajadora se encontrara enferma. Las opiniones de los fans no se hicieron esperar: el ser humano es así.

¿A quién se le ocurriría hacer esto? ¿A alguien que ha suspendido la asignatura de Privacidad en el colegio? No, a alguien peor, a alguien enfadado. Reconozcámoslo, muchas veces las redes sociales se utilizan para señalar con el dedo o para denunciar lo que desde nuestro punto de vista son injusticias. No hay nada peor que sentirse víctima de un trato injusto, y tenemos a nuestro alcance todos los medios para hacernos oir.

Pero vayamos a lo nuestro, que tampoco quiero hacer un tratado de la naturaleza humana. La Agencia sanciona a la empresa con multa de 2.000 € por tratar datos sin consentimiento del afectado. En este caso, la sanción es lo de menos. Lo interesante está en los detalles:

En primer lugar, veamos la explicación que da la empresa al hecho de que la fotografía del parte aparezca en Facebook:

"(...) el parte de baja de ésta fue recibido por parte de esta empresa mediante burofax por uno de sus empleados, al no disponer de departamentos, ni personas asignadas para estas funciones, y que desconoce totalmente las circunstancias por las que una fotografía del citado parte fue publicada en el perfil de la red social Facebook (...) Tras detectar la difusión del documento, la compañía ha declarado que decidió "la retirada del parte de la red social y el cambio de las contraseñas de acceso a dicha red, dado que los empleados tenían acceso al perfil de la empresa". También ha manifestado: "no se pudieron tomar medidas disciplinarias dado que a fecha de hoy desconocemos la autoría de dicha publicación" (...)" 

Lo del control de acceso y tal no lo llevaban muy a rajatabla, la verdad.

Por otro lado, esta resolución nos deleita, en el Fundamento Jurídico VI, con el texto que tiene redactado Monsieur le Directeur para los casos de las redes sociales, y que analiza si cabe aplicar la excepción de "tratamiento doméstico" a las redes sociales. No pega ni con cola. Además, como aquí se habla de difusión de datos en Internet, se hace referencia a la famosa sentencia de la Sra. Lindqvist, ya saben, aquella pobre catequista que no tiene derecho al olvido ni a que su nombre desaparezca de los repertorios de jurisprudencia. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Y por último, cerraré este post con el excelente razonamiento de Monsieur le Directeur para aplicar los criterios de graduación de sanciones del art. 45 de la LOPD:

"En este caso, cabe apreciar que la entidad infractora ha regularizado la situación irregular de forma diligente pues, como consta acreditado en el expediente, y se ha detallado más arriba, el documento estuvo accesible pocas horas y tomó medidas tras tener conocimiento de ello, retirando del parte de la red social y cambiando las contraseñas de acceso al perfil de la empresa."

Les dejo por hoy. Buenas noches.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Privacidad, esa nueva asignatura

A pesar de la crisis, en España, somos unos privilegiados. A pesar de los recortes sociales, tenemos a nuestra disposición mayores beneficios (de todo tipo) de los que tuvieron nuestros padres y nuestros abuelos. A pesar de que sufrimos la amenaza del terrorismo, la mayor parte de nosotros pertenecemos a una generación que no ha vivido ninguna guerra en territorio español. Por eso, podemos dedicarnos los sábamos por la mañana a elevar a los altares derechos humanos de ultimísima generación, que sólo aparecen en las sociedades desarrolladas como la nuestra, en el primer mundo. 
No hace mucho, un señor fue multado por presentar a un concurso la foto del hijo de otro vestido de pequeño jedi. No les digo que hiciera bien o que la multa fuera injusta, pero si hay alguien que se preocupa por esas cosas, es porque tiene tiempo y otras necesidades cubiertas.Vayan a África, a preguntarle a los padres de los "niños de la guerra" si les importa que las fotografías de sus hijos aparezca un día sí y otro también en periódicos, revistas, blogs, y exposiciones de todo tipo. Tienen otras cosas de las que preocuparse, como por ejemplo, sobrevivir con cierta dignidad.
Cada vez que veo las imágenes de estos niños, muchos de los cuáles ya estarán muertos cuando llegan a nosotros, me pregunto quién defiende sus derechos y de qué sirve que aquí, en España, nos consagremos al estudio teórico de las libertades públicas en un fin de semana de septiembre. También me acuerdo de Omayra Sánchez, a la que vi morir en directo, cortesía del derecho a la libertad de expresión y de información de nuestros periodistas. Estoy segura de que todos los cursos y jornadas a los que he asistido sobre Privacidad la han ayudado mucho.
Pero como no quiero caer en la sensiblería, ni que me acusen de demagogia, les propongo un ejercicio más aséptico: Echen un vistazo a las resoluciones de la Agencia Española de Protección de Datos. Verán que la mayoría no se refieren a supuestos graves de intromisión del Estado en los derechos de los ciudadanos. Hay un gran número de resoluciones que nos hablan de pequeñas vendettas: clientes que han recibido un tratamiento pésimo, trabajadores despedidos, etc...Si la protección de datos comenzó siendo un derecho vertical, para proteger al ciudadano frente a los mecanismos de control de los Gobiernos, ahora es un derecho primordialmente horizontal, entre particulares, entre una empresa y sus clientes, entre un vecino moroso y el administrador de la finca,...
Vivimos en una sociedad en la que se fomenta la falta de responsabilidad. Ya lo he escrito en otras ocasiones. Parece que se nos manda el mensaje de que sólo temos derechos, y que, a la hora de exigir responsabilidades, la culpa es de los otros: de la sociedad, del entorno o, en este caso, de la falta de educación.
Se enseña que los derechos que tenemos son absolutos. Se fomenta que los ejerzamos así se hunda el mundo, aunque pisemos a otros, o aunque sea injusto lo que pido, porque "tengo mis derechos" o "soy libre" y nadie puede cohartar mi libertad. No se fomenta la tolerancia ni el respecto por la dignidad y la libertad de los otros. Estamos creando una sociedad de "rafitas" en potencia.

Los ciudadanos responsables, conscientes de sus derechos y obligaciones, los que no van a una manifestación como a una romería, los que se piensan mucho a quién dan su voto o por qué participar en una protesta, no se crean hablando de intimidad en los colegios. Retuerzan la idea lo que quieran y traigan por los pelos la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, o citen a Thoreau, si quieren, como hacen los horteras.
Si Ustedes me preguntan si debe incluirse una asignatura específica sobre "Privacidad" en los actuales planes de estudios, ¿qué quieren que les diga? ¿Que es una idea brillante? ¿Que es lo que el mundo necesita? ¿Que va a contribuir a formar a mejores personas, y mejores ciudadanos? ¡Hombre, por Dios! 
Siento decirles esto, porque les va a doler, pero no vivimos en una dictadura ni, afortunadamente, tenemos que escondernos por pensar como pensamos o creer en lo que creemos. El mundo no es mejor por el hecho de que mi operador de telefonía deje de enviarme SMS. Recibir publicidad por mail, no es nada comparado con pasar hambre, o haber sido vendido a un burdel vietnamita. Lo repito: somos unos privilegiados y debemos tomar conciencia de que la excesiva atención a los ciberderechos nos encierra en nuestra torre de marfil y nos aisla de la realidad.
Si todavía continuan leyendo este post, un consejo: váyanse a pasear al Retiro.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Demasiada intimidad

Llevo unas semanas en las que, al leer la prensa on-line, cada línea de HTML me recuerda el oficio más antiguo del mundo, que no es la prostitución, sino el del profesional de la privacidad.
 
Que vivimos en la “aldea global” nadie lo discute. Resulta difícil hacerlo cuando miles y millones de internautas andamos comentando a la hora del café la vida sentimental de un futbolísta y una maestras de Los Yébenes.
 
En resumen, Internet es un es un pueblo de La Mancha. Cada día nos enfrentamos a las intimidades de los demás de la forma más cruda. Hoy por ejemplo, Sánchez-Dragó y su señora han compartido con nosotros (y con las generaciones futuras) el nacimiento de su hijo. En El Mundo, podemos seguir la crónica del parto, cual reportaje de National Geographic, ilustrado con fotografías de Doña Naoko dando a luz, dando el pecho y dándose a sí misma (nótese que todo ello con gafas). ¡Si esto lo ponen en un artículo, no quiero imaginar qué tipo de fotos colgarán en su album de Facebook!
 
En defensa de Sánchez-Dragó y de su señora, debo decir que ellos son coherentes en esta forma de vivir sin cortinas, y no creo que demanden a ninguna publicación por vulnerar su derecho a la intimidad, como sí hacen otros aficionados al exhibicionismo electrónico. Se trata de una cuestión de mal gusto.