martes, 5 de junio de 2012

Fotografía y realidad

Parece que la prensa está cada vez más interesada en la protección de datos. Para muestra un botón: Vean la noticia que aparecía publicada hoy en la edición digital de El Mundo.

La Audiencia Nacional ha confirmado la sanción impuesta a un fotógrafo por exponer la foto de un niño, en el escaparate de su establecimiento, sin contar con el consentimiento de sus padres.  El fotógrafo, muy hábil, alegó que era el autor de la obra expuesta, y por tanto, tenía derecho a difundirla en la forma que le pareciera oportuno.  No servido de nada, claro: Mil quinientos euros (¡Quiá!).

Si quieren leer la resolución dictada en su día por la Agencia Española de Protección de Datos, aquí les dejo el link. Sepan que hay más resoluciones en las que se multa al que hace una foto sin autorización y la publica o la presenta a un concurso. Por ejemplo, ésta y ésta otra. Y bueno, en fin, ya sabemos lo que inspiró el célebre ensayo de Warren and Brandeis....

La verdad, de haber existido la Agencia de Protección de Datos hace ochenta años, la historia de la fotografía habría sido otra. A Capa, lo habría denunciado algún miliciado, y a Cartier-Bresson, una portera de la Rue Lépic. La buena fotografía no parece un arte muy respetuoso con la intimidad de las personas, para qué engañarnos, aunque a veces uno se lleva una sorpresa.
En los noventa, una pareja dijo ser la que aparecía en la famosa obra de Robert Doisneau "El beso". Para ganar el juicio, Doisneau , por aquél entonces ya muy mayor, desveló que aquella imagen no era fruto de la casualidad, sino que estaba preparada. Había conocido a la pareja protagonista en un café, y les pidió que posaran para él en distintos puntos de París. Por supuesto, aportó muchas otras fotografías con los dos protagonistas besándose. Después, hemos sabido que también era un montaje la foto de los caballos de Centelles. Pero ya daba igual.
Como diría Baroja, la vida es "asín". ¿Qué esperaban? Buenas noches.