domingo, 20 de noviembre de 2011

Lecciones de seguridad con Jaime Bayly

Como ya saben, desde que descubrí que se podían ver en Youtube los programas de Jaime Bayly no hago otra cosa. Su entrevista a Wendy Sulca debe figurar en los anales de la Televisión en lengua española. 

La vida de Jaime Bayly resulta interesantísima. Da varios para varios cursos sobre derecho a la intimidad y derecho al honor, por los que muestra un absoluto desprecio. Bayly es realmente un canalla, pero el tipo de canalla que todos queremos ser de mayor (ése que, si estuviera menos gordo, se parecería a Basil Rathbone). 

Y no crean: Sus archienemigos están siempre a su altura. A veces, leyendo su blog o sus novelas, da la impresión de que Bayly se pasa el día intentando localizar las IPs de los que le insultan en comentarios en su blog o en el de su actual señora, o le amenazan por e-mail.

Aún hay más. En una de las últimas novelas de Bayly, que cayó en mis manos gracias a Doña Almudena, encontramos un manual de lo que no se debe hacer con las contraseñas de correo electrónico, y de las horribleas consecuencias que puede tener que un tercero que te odia (tu suegra) utilice indebidamente dichas claves.

El libro comienza con Camila, la hija mayor del autor, intentando enviarle una lista de encargos (ropa y cosas para el cole que incluyen una foto del producto en cuestión):

"Camila trata de enviarme esa lista por correo electrónico, pero, a pesar de que lo intenta en varias ocasiones, no la recibo, tal vez porque su buzón de Hotmail no le permite mandar un correo tan pesado o porque nada que se envíe desde Lima llega nunca a su destinatario o porque el azar conspira contra nosotros. Al pasar dos o tres días y confirmar que no me ha llegado, intenta enviármela desde una casilla de Gmail, pero, de nuevo, algo incierto impide que llegue a mi computadora.

Impaciente, le sugiero que entre a mi correo electrónico y me lo envíe a otro buzón que tengo en ese mismo servidor, que es uno que permite enviar correos pesados, con imágenes en alta resolución. Le digo por teléfono mi clave. Ella toma nota y me dice que entrará a mi correo y me enviará la lista. Al colgar, me pregunto si sentirá curiosidad por leer mis correos y, por las dudas, borro unos pocos, de índole amorosa, que prefiero que no lea (...)

Camila y Lola, mis hijas, quedan al cuidado de su abuela, mi ex suegra, porque Sofía viaja a Berlín y yo, a Buenos Aires. Estando las niñas en el colegio, mi ex suegra encuentra en el escritorio de Camila un papel en el que mi hija ha anotado mi correo y la clave que le dicté por teléfono.

Mi ex suegra no me quiere y tiene buenas razones para no quererme. Ve el papel con mi correo y mi clave y no duda en encender la computadora y meterse a espiar mis correos. No la culpo. Yo hubiera hecho lo mismo.

Lo que más desea es encontrar algún correo en el que hable mal de su hija Sofía, mi ex esposa, pero no consigue encontrarlo, porque no tengo razones para hablar mal de ella, sólo para hablar bien (...)

Luego lee algunos correos que nos hemos enviado Martín y yo, correos en los que resulta evidente que la amistad ha sido desbordada por una forma de amor que roza más la complicidad fraternal que las servidumbres convencionales de la vida en pareja. Se escandaliza por las palabras tiernas o cariñosas que nos decimos, por los diminutivos cursis, cargados de afecto, por las alusiones a los juegos amatorios que decimos echar de menos, y quizás incluso nos envidia.

No espera encontrar lo que se abre de pronto ante sus ojos: correos amatorios inflamados no de una sino de cuatro mujeres que me esciben desde distintas ciudades y a las que rspondo de un modo no menos apasionado. (...)

Mi ex suegra lee consternada esos correos llenos de amor (o de promesas amorosas) y tal vez piensa: Este maricón no es tan maricón como yo creía.

Lo que no sabe es que ninguna de esas mujeres ha tenido intimidad amorosa conmigo, sólo me han escrito prometiéndome que la tendrán, pero tal vez eso nunca ocurrirá y lo que necesitaban era escribirlo, permitirse esa pequeña, secreta infidelidad.

Mi ex suegra reenvía todos esos correos amorosos (o mentirosos, esto aún no está claro) al buzón de Sofía (...) Mi contenta con eso, mi ex suegra envía a esas mujeres un correo escrito en mayúsculas (algo insólito en mí)que dice: "NO ME GUSTAS PORQUE SOY MARICÓN Y TENGO MARIDO ARGENTINO, ADIÓS".

Luego lee otros correos de editores o agentes literarios o ejecutivos de tal o cual televisión que me sugieren hacer tal o cual programa, y se enfada al comprobar que todavía trabajo y que me gusta mi trabajo (porque es todo menos un trabajo), y en venganza envía a esas personas un correo también escrito en mayúsculas (algo que siempre he contrado atroz) que dice: "NO CUENTES CONMIGO, TENGO SIDA Y ME ESTOY MURIENDO, ADIÓS".

Al día siguiente, recibo correos de novias cibernéticas, amigos, editores, agentes y ejecutivos de televisión, que me piden explicaciones por las líneas descomedidas que han recibido desde mi buzón y recién entonces me entero de que alguien ha penetrado en ese territorio íntimo y ha escrito unas líneas horrendas en mi nombre. Hago algunas simples pesquisas y confirmo que es mi ex suegra la que ha espantado de ese modo tan pintoresco a la poca gente que aún me aprecia o hace esfuerzos riesgosos por quererme. Enseguida trato de cambiar mi clave o contraseña, pero, por razones de seguridad, me preguntan cuál es mi película favorita y no sé responder. Escribo ocho, diez nombres de películas que me han gustado mucho, pero ninguno es la respuesta correcta, y por eso me impiden cambiar mi contraseña.

Escribo entonces Less than zero y descubro que es o era mi película favorita. Finalmente les escribo a Lucía, Gabriela, Claudia y Ana, pidiéndoles disculpas, explicándoles el espionaje del que he sido víctima y rogándoles que le escriban unas líneas a mi ex suegra, diciéndole que soy un amante memorable, el mejor que han tenido. Al caer la noche, camino al videoclub y alquilo Less than zero."
(BAYLY, Jaime: El canalla sentimental. Editorial Planeta. Barcelona, 2010. pp. 9-13) 

Y así, señores, es cómo se cita un libro. En fin, les dejo. Tengo que ponerme a escribir cosas más serias para que luego me las plagien en blogs de tres (al cuarto) entradas.

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