lunes, 17 de octubre de 2011

Una prostituta china

Hace unos días, el Gobierno chino anunciaba su intención investigar la difusión de rumores o noticias falsas en redes sociales, calificándolos de “tumores malignos” que dañaban la estabilidad social. Los autores de este delito pueden ser castigados con 10 días de prisión y multa de hasta 500 yuans (equivalentes a unos 80 $), penas que ya han sido impuestas en algunas ocasiones.

Este anuncio se produce poco después de que se descubriera que la joven prostituta que relataba sus experiencias laborales en Weibo, una de las redes sociales más populares en China, y que llegó a alcanzar más de 250.000 seguidores, era un hombre.

Se trataba del editor de un suplemento cultural, casado, de 31 años, traductor de novelas del oeste en sus ratos libres. Al parecer, sólo quería hacerse famoso en Internet, o sea, que le leyeran.

En el perfil falso que había creado, contaba que tenía 22 años, que negociaba con su cuerpo desde los 15 y que había atendido a más de 3.000 clientes. Y claro, con tan sugerente tarjeta de visita, a nadie le extrañó que las prendas literarias que soltaba la supuesta veinteañera fueran propias de una novela francesa del XIX.

La policía comenzó a interesarse por el microblog cuando su autor publicó en él una lista de clientes, obviamente falsa, que incluía a personalidades del país. Localizó el punto desde el que se conectaba con un teléfono móvil, y entró en su domicilio en el momento justo en el que colgaba el que fue su último post. Me imagino que su señora se quedaría a cuadros (porque cuando uno escribe un blog en el que finge ser una puta, como norma general, no le dice nada a su mujer).

Como escribió Karl Marx en El 18 Brumario de Luis Napoleón, la historia siempre se repite dos veces, una como tragedia, y otra como comedia (y cito de memoria, no esperen que me levante a estas horas a buscar el libro). Así que, ya lo ven: Internet nos ha traído la segunda edad de oro del panfleto y el libelo, de la publicación bajo pseudónimo, pero con un toque kitsch que no tenía en la época de SIEYÈS. No les voy a negar que me encanta.

Buenas noches.

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