martes, 12 de abril de 2011

Grandes clásicos de la Jurisprudencia Española: ¡Qué grande es el Supremo!

La sentencia que les quiero comentar hoy es un clásico de 1912: el famosísimo caso del fraile raptor y suicida.

Como sabrán, el 1912 fue un gran año. El 17 y 18 de enero, Robert F. Scott llegaba al Polo Sur, y moría, un mes después que el noruego Roald Amundsen. La sufragistas americanas organizaban manifestaciones por toda Nueva York. Los entonces Reyes de España, asistían a la botadura del primer acorazado construido tras la destrucción de la armada española en Cuba y Filipinas. El 14 de abril, a las 12 menos veinte de la noche, el trasanláctico Titanic chocaba contra un iceberg....Y casi finalizando el año, el 6 de diciembre, el Supremo reconoce por primera vez en nuestra jurisprudencia la posibilidad de indemnización por los daños morales causados por difamación.

Los hechos que motivaron tan insigne resolución se remontan a 1910. El periódico "El Liberal" publicaba un "suelto", en primera página nada menos, en el que se informaba de la truculenta historia de un fraile capuchino que se había fugado con una joven, y había matado a un familiar de ésta. Ambos se identificaban con nombre y apellidos. En aquella época, ya ven, estaba de moda acusar al clero de abusar de mujeres, no de niños.

Por si tienen curiosidad, el texto del "suelto" era el siguiente: “Fraile raptor y suicida. (Por telégrafo). Totana, 19. El 17 de septiembre, por la noche, fugase de su convento de capuchinos el padre Fulgencio Novelda, vicepresidente y profesor de Física del Colegio que ellos dirigen, llevándose consigo a la bellísima señorita María Josefa Mussó Garrigues, de quien había tenido escandalosa sucesión tres meses antes. Al ser sorprendido a su entrada en Lorca por un tío de ésta, el mencionado religioso atentó contra su vida, quedando muerto en el acto. Ella fue devuelta al seno de su familia”.

El que caso es que la noticia resultó ser falsa. A pesar de que el periódico publicó a los tres días una rectificación, el padre de la joven, que además era el alcalde de Totana, vino a Madrid a matar al Director de "El Libelar": Exigía una reparación personal. Luego se lo pensó mejor y prefirió demandarlo, tanto a él como a la empresa editora del periódico. E hizo bien, porque el asunto llegó al Supremo, que acabó dictando una sentencia que todavía se cita en nuestros días. Desde luego, algunos párrafos, leídos en voz alta, suenan a Calderón:

"La honra, el honor y la -fama de la mujer constituyen los bienes sociales de su mayor estima, y su menoscabo la pérdida de mayor consideración que puede padecer en una sociedad civilizada incapacitándola para ostentar en él la de carácter de depositaría y custodia de los sagrados fines del hogar doméstico, base y piedra angular de la sociedad pública, debiendo, por tanto, ser apreciados estos daños como uno de los más graves, que obliga a tenerlos en cuenta al legislador al legislar y a los Tribunales encargados por la ley de aplicar y de realizar la justicia con el propósito de remediarlos para procurar se fije una norma regula­dora, estableciendo una responsabilidad civil, armonizada con los principios jurí­dicos que informan nuestro Derecho común, si no se quiere fomentar en la so­ciedad una negligencia suicida, cual sería el abandono de un elemento social de primer orden como la mujer al capricho de la pública maledicencia."

Pero lo importante es esto:

"Tomados en cuenta estos fundamentos sociales de toda legislación y de toda organización de justicia, no cabe desconocer que el hecho controvertido en autos constituye una total y absoluta expoliación de la dignidad personal, familiar y social de la joven ofendida, violentamente despojada de todos sus títulos de pudor y honestidad que la hacían acreedora a la estimación pública por presentarla de modo evidente y escandaloso culpable de fuga del hogar paterno y de amanceba­miento sacrilego consumado, con todas sus consecuencias naturales, inhabilitando por efecto de la pública exposición del hecho calumnioso en periódicos de gran circulación, como El Liberal, que hacen la rectificación imposible, tanto por la imborrable impresión que causa en el ánimo de sus lectores cuanto porque la reproducción de todo suelto injurioso hecho en la prensa no altera, según reite­rada jurisprudencia, la responsabilidad del que la reproduce, puesto que lo que castiga la ley es la propagación de la injuria; y por todo esto es por lo que el Tribunal sentenciador, al someter el daño moral causado a compensación pecu­niaria, no confunde, como se supone, las atribuciones del Poder judicial con las del Poder legislativo, pues para ello sería preciso se declarase en disposición abs­tracta o de carácter general algún derecho nuevo, cosa que aquí no ocurre, por­que el juzgador, valiéndose de las reglas de equidad que son máximas elementales de justicia universal, se limita, como intérprete de la ley, a explicar mejor prin­cipios jurídicos más o menos clara y distintamente expuestos, pero ya «preexis­tentes», que definen el daño en sus diversas manifestaciones para justificar, toda vez que es indiferente pedirla por acción civil o penal, una indemnización pecunia­ria, que, si nunca es bastante como resarcimiento absoluto de ofensas tan graves,al fin es la que se aproxima más a la estimación de los daños morales directa­mente causados a la joven Mussó y que llevan consigo, como consectarios natu­rales y lógicos, otros daños, esto es, los materiales y los sociales, conforme al cri­terio tan sabiamente manifestado en la ley 21, título 9.°, de la Partida 7.a (...)"

En fin, les dejo hasta mañana. Buenas noches.

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