miércoles, 25 de marzo de 2009

El concepto de bien común en la Sociedad de la Información (I)

Un tema que me interesa bastante es el relativo a los cambios que produce en el concepto de bien común el desarrollo de la Sociedad de la Información.

En los años 60, diversos especialistas comenzaron a llamar la atención sobre el hecho de que la sociedad industrial se estaba transformando en un tipo de sociedad distinto en el que la clave económica era el control de la información. Podemos definir este nuevo tipo de sociedad, generalmente denominado “sociedad de la información”, como “un estadio de desarrollo social caracterizado por la capacidad de sus miembros (ciudadanos, empresas y administración pública) para obtener y compartir cualquier información, instantáneamente, desde cualquier lugar y en la forma en que se prefiera” (definición tomada de La sociedad de la Información en España. Situación actual y perspectivas. 2000. Fundación Telefónica. Disponible on line en http://www.telefonica.es/)

La expresión “sociedad de la información” fue utilizada por primera vez por el economista Fritz MACHLUP en su libro de 1962 La Producción y Distribución del Conocimiento en los Estados Unidos, donde evaluaba en términos económicos el valor creciente de la información y las tecnologías asociadas a ellas en la sociedad norteamericana. Sin embargo, no se popularizó hasta la publicación en 1980 de la obra del sociólogo japonés Yoneji MASUDA La Sociedad de la Información como sociedad post-industrial, cuyas ideas siguen inspirando algunos planes de desarrollo actuales.

Hoy se trata de un concepto empleado quizás en exceso, sobre todo desde que comenzó a ser incluido en diversos programas y proyectos de organizaciones internacionales. Así, en el ámbito comunitario, la Unión Europea ha producido distintos documentos dedicados a la sociedad de la información y dispone de un Portal sobre el tema: http://ec.europa.eu/information_society/index_es.htm.

En cualquier caso, la sobreutilización de este concepto pone de manifiesto la conciencia de vivir un momento de rápidos avances tecnológicos, diferente a cualquier otro que se haya producido en la historia. Como apuntaba el Libro Verde de la Unión Europea sobre vivir y trabajar en la Sociedad de la Información en 1996:

1. Estamos viviendo un período histórico de cambio tecnológico, consecuencia del desarrollo y de la aplicación creciente de las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC). Este proceso es diferente y más rápido que cualquiera que hayamos presenciado hasta ahora. Alberga un inmenso potencial para la creación de la riqueza, elevar el nivel de vida y mejorar los servicios.

2. Las TIC ya forman parte integrante de nuestra vida cotidiana, nos proporcionan instrumentos y servicios útiles en nuestro hogar, en nuestro lugar de trabajo, por todas partes. La sociedad de la información no es la sociedad de un futuro lejano, sino una nueva realidad de la vida diaria. Añade una nueva dimensión a la sociedad tal y como la conocemos ahora, una dimensión de importancia creciente.

La cita anterior refleja el optimismo con el que generalmente se valora el fenómeno de las nuevas tecnologías: Nadie pone en duda que las nuevas tecnologías han mejorado cualitativamente el nivel de vida de las sociedades desarrolladas. Incluso, se afirma que están consiguiendo la integración y el bienestar de los diversos sectores sociales.

En este contexto, la relación de las nuevas tecnologías con el concepto de bien común resulta evidente, y puede ser enfocado desde una doble perspectiva:

1º. Como referente ético o principio supremo que debe guiar el uso o la regulación que se dé a las nuevas tecnologías de la información y comunicaciones. En este sentido, debemos citar el documento “Ética e Internet” del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, donde se afirma:

El bien común —« el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección »— proporciona un segundo principio básico para la valoración ética de las comunicaciones sociales. Se ha de comprender en su totalidad, como un conjunto de las metas plausibles, por las que los miembros de una comunidad se comprometen juntos, y para cuya realización y sostén la comunidad existe. El bien de las personas depende del bien común de sus comunidades.

La virtud que dispone a la gente a proteger y promover el bien común es la solidaridad. No se trata de un sentimiento « superficial por los males de tantas personas », sino de « una determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, porque todos somos verdaderamente responsables de todos » (…).

Un compromiso decidido de practicar la solidaridad al servicio del bien común, dentro de las naciones y entre ellas, debería informar y guiar nuestro uso de la nueva tecnología de la información y de Internet. Esta tecnología puede ser un medio para resolver problemas humanos, promover el desarrollo integral de las personas y crear un mundo regido por la justicia, la paz y el amor".

El texto del Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales es probablemente el documento más explícito a la hora de relacionar nuevas tecnologías y bien común. Sin embargo, aunque no aparezcan referencias expresas a dicho concepto, la idea de que los avances producidos en el ámbito de la Informática deben favorecer al conjunto de la sociedad no parece discutida por nadie. El bien común se convierte así en el elemento que legitima cualquier regulación del sector tecnológico.

2º. Desde el punto de vista de los concretos servicios, acciones o proyectos derivados de las nuevas tecnologías que posibilitan que cada individuo se desarrolle plenamente en la sociedad. Teniendo en cuenta que las nuevas tecnologías han revolucionado casi todos los aspectos de nuestra vida, la lista de mejoras introducidas por ellas podría hacerse interminable. Entre ellas, la más destacable es la referida a los movimientos de “cultura común”, que promueven la utilización de Internet para compartir bienes culturales en beneficio de todos. En los argumentarios de dichos movimientos, la idea de bien común ocupa un lugar central, algo que hasta ahora pocos parecen haber resaltado.

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