lunes, 1 de septiembre de 2008

Libro del mes (Septiembre)

LUCAS MURIILO DE LA CUEVA, Pablo: Informática y protección de datos personales. Estudio sobre la Ley Orgánica 5/1992, de Regulación del Tratamiento Automatizado de Datos de Carácter Personal. Centro de Estudios Constitucionales. Madrid, 1993.

El libro que les recomiendo este mes no sólo no es un novedad editorial, sino que además analiza la LORTAD, disposición que como todos Ustedes saben está derogada. Sin embargo, aprenderán más de este libro que de la mayor parte de las publicaciones recientes.

La obra, muy breve, cuenta con poco más de 150 páginas. Las que reviste mayor interés, en mi opinión, son las comprendidas en los cuatro primeros capítulos.

El autor, magistrado del Tribunal Supremo y Catedrático de Derecho Constitucional, delimita claramente la diferencia entre el derecho reconocido en el artículo 18.4 CE y el derecho a la intimidad, en un momento en el esta cuestión no quedaba clara ni en la propia exposición de motivos de la entonces vigente LORTAD. Así, al hablar el bien jurídico protegido por la LORTAD señala:

“(...) El bien jurídico subyacente es la libertad informática o –en fórmula menos estética pero más precisa- la autodeterminación informativa y consiste, sencillamente, en el control que a cada uno de nosotros no corresponde sobre la información que nos concierte personalmente sea íntima o no (…) Pudiera parecer que la LORTAD no se sitúa aparentemente en la perspectiva que se está defendiendo. En efecto, su artículo 1 repite el texto del apartado 4 del artículo 18 de la Constitución en lo que hace al honor, a la intimidad personal y familiar y al pleno ejercicio de los derechos. Ahora bien, en realidad sus autores son conscientes –y el contenido de la ley así lo refleja- de que no sirve situarse en el campo de la intimidad estricta, de que le honor no puede ser la perspectiva preferente t de que el ejercicio de los derechos es un aspecto secundario, un resultado de la previa satisfacción de otros objetivos. Por eso, se ven obligados a distinguir entre intimidad y privacidad. Según la exposición de motivos, lo que el progreso tecnológico pone en cuestión es esta última (…)”.
(pp. 32 y 33).

En definitiva, en este libro encontrarán un ejemplo de cómo la buena literatura jurídica no pierde su valor por el hecho de derogarse la norma objeto de comentario.

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